Sexualidad Transorgámica es una forma muy diferente de concebir y practicar la sexualidad, que puede traer verdadero reencatamiento, armonía y felicidad a tu relación de pareja. Transorgásmico es un término nuevo que quiere decir "más allá del orgasmo" o "trascendiendo el orgasmo" y como modelo y como práctica se basa en conocimientos de antiguas tradiciones como el Tao, el Tantra y la Alquimia, entre otras, en los descubrimientos actuales de la neurociencia sobre sexualidad y, por sobre todo, en lo que algunos hemos podido practicar y experimentar por nosotros mismos.

jueves, 20 de mayo de 2010

El Verdadero "Placer Orgásmico" nunca es el Orgasmo (discutiendo sobre aquello que llamamos Orgasmo)

Habitualmente, se produce una gran confusión entre lo que es o no es el Orgasmo. Sobre todo cuando el enfoque transorgásmico afirma que de lo que se trata es de “evitar” el orgasmo.

La palabra orgasmo (del griego ὀργασμός) se puede definir desde el punto de vista 1-fisiológico (es decir, desde qué es lo que ocurre en nuestro cuerpo y nuestro cerebro), 2-fenomenológico (cómo lo experimentamos) y 3- funcional-energético (qué pasa con nuestra energía).

1) Fisiológicamente, tenemos que los impulsos sexuales crecientes llegan a un punto crítico en el cual desencadenan una serie de contracciones rítmicas e involuntarias de nuestra musculatura pélvica, acompañadas de liberación de calor. Una serie de reacciones neuroquímicas acompañan a esta reacción, ocasionando profundos cambios en nuestra conducta y percepción [remitirse a los otros artículos donde hemos hablado al respecto].
También debemos agrgar que el orgasmo en sí mismo, en el humano tiene una duración aproximada de 8 segundos. En el hombre siempre, acompañado y seguido de la eyaculación, mientras en la mujer las contracciones a menudo –pero no siempre- pueden llegar a desencadenar liberación de fluidos, en lo que se llama la “eyaculación femenina”.

2) Fenomenológicamente hablando, y en el común de la gente, el orgasmo constituye una experiencia placentera pero breve, similar a una explosión. Se siente como una especie de liberación, como una represa que se rompe y desde la que fluyen las aguas en todas direcciones. Una onda expansiva de calor recorre el cuerpo desde los genitales hacia el exterior, generando placer. Este es el motivo por el cual también mucha gente asocia orgasmo con máximo placer. Ya hemos discutido en otros artículos sobre cuán sustentable es este placer en el tiempo, ya que si el orgasmo en sí resulta placentero, sus consecuencias, a corto, mediano y largo plazo, no parecen serlo en absoluto [leer artículos anteriores]. No obstante, por ahora, quedémonos con esto de la "experiencia explosiva"

3) Por último, desde el punto de vista del funcionalismo energético, el orgasmo representa una descarga de energía. En 8 segundos, el cuerpo se estremece por oleadas que vacían toda la tensión acumulada por la excitación previa. Termodinámicamente, podemos equiparar esta reacción a cualquier reacción de “explosión” donde la energía es liberada como ondas o calor en un proceso conocido como “reacción irreversible” (lo explicaremos en detalle en un artículo más adelante). El orgasmo cumple con un diagrama bastante lineal, energéticamente hablando. El psicoanalista Wilhelm Reich (2010) lo expresó con un modelo muy simple de carga-descarga:

TENSION MECANICA –CARGA ELECTRICA –DESCARGA ELECTRICA –RELAJACIÓN MECANICA

Hasta acá hemos intentado ir definiendo las distintas miradas al fenómeno del orgasmo. No obstante, hacemos hincapié en que Orgasmo, para una buena parte de la humanidad, un sinónimo de placer más que de descarga. Esto es así en especial para muchas mujeres, para quienes el orgasmo explosivo es muy a menudo una opción, pero no lo que siempre debe ocurrir (como en el hombre). Es lo que se ha denominado como capacidad "multiorgásmica" de la mujer, la cual se sustenta en que lo que ella llama orgasmo -en dicho caso- no es propiamente una "explosión" sino "oleadas de placer" que van y vienen dentro de ella. Podemos afirmar que también los hombres tienen esta capacidad, pero a menudo se ve eclipsada al obsesionarse ellos en eyacular y explotar constantemente.

Nosotros también podríamos agregar que si el orgasmo es sinónimo de placer y de satisfacción pero no de descarga, estamos hablando de algo muy distinto de una “explosión”. Y exactamente a eso se refiere la Experiencia Transorgásmica a la cual hemos dedicado tantos artículos. Y el problema se nos viene cuando usamos la misma palabra para definir el placer de la explosión/descarga y el placer del estado de plenitud sin explosión/descarga (transorgásmico).

Los maestros taoístas y los tántricos, constantemente nos hablan de Orgasmo, pero en ningún caso se refieren a una "explosión". Tampoco a la descarga ni a los 8 segundos de movimientos peristálticos involuntarios. Se refieren más bien a la experiencia de expansión y de placer que se tiene justo antes de alcanzar el punto fisiológico en que toda la reacción explosiva se desencadena. Este “justo antes”, que para el común de la gente que sigue hasta el final pasa inadvertido es, para los tántricos y taoístas, el verdadero Clímax y el verdadero Orgasmo, que nada tiene que ver con la eyaculación. Es tanto así, que las técnicas de control corporal del Tantra y del Tao, enseñan a prolongar ese estado previo de sensaciones exaltadas tal y como un buen surfista sabe prolongar el equilibrio y la duración sobre la ola, en vez de estallar en ésta. El placer no está en estallar sino en dominar.

Por eso existe la confusión entre Orgasmo Explosivo y Orgasmo Valle. Y cuando nosotros hablamos, en estos artículos, de evitar el orgasmo para acceder a la experiencia transorgásmica nos referimos concretamente a evitar el “orgasmo explosivo” mientras estamos completamente de acuerdo en que existe “otro orgasmo”, el del “crescendo del placer”. Veamos, a ese respecto, un extracto de “El Hombre Multiorgásmico”, del maestro taoísta actual Mantak Chia:
En Occidente, Alfred Kinsey, pionero de la investigación sexual, no informó de descubrimientos similares hasta 1940. Sin embargo, varias décadas más tarde y después de que sus hipótesis hayan sido probadas repetidamente en laboratorio, la mayoría de los hombres siguen desconociendo su potencial multiorgásmico. Sin este conocimiento y sin una técnica clara, los hombres son incapaces de sentir la diferencia entre el crescendo del orgasmo y el estallido de la eyaculación. La sexualidad masculina occidental sigue estando erróneamente centrada en el objetivo, inevitablemente decepcionante, de la eyaculación en lugar de en el proceso orgásmico de hacer el amor. (Chia & Abrams, 1999, p. 6)
De esta manera, se va comprendiendo al fin, por qué los taoístas hablan bien del orgasmo, ya que este para ellos sería más bien la oleada de placer anterior al momento de la eyaculación (nada más que una simple explosión refleja). Veamos lo que señala otro maestro taoísta actual:

Muchos hombres se quedan fríos ante la idea de un orgasmo sin eyaculación porque llevan mucho tiempo, a veces décadas, viviendo el sexo con eyaculación. Lo primero que tienen que hacer es desmitificar ésta, ya que no es más que un espasmo muscular involuntario. (Winn, M. citado en Chia & Abrams, 1999, p. 9).

Si usáramos la terminología de Master & Johnson, tendríamos que hablar, con toda propiedad, de un “Orgasmo Meseta”, ya que “meseta” (plateau) es el nombre la segunda fase de la respuesta sexual, según el conocido modelo de estos investigadores (1-Exitación, 2-Meseta, 3-Orgasmo y 4-Resolución). Lamentablemente esta fase es mucho más rica y compleja cuando se practica sexo transorgásmico, que lo que estos investigadores recogen en sus estudios. Para la gran mayoría simplemente se trata de una fase previa a la fase de la Explosión. Sin embargo, la Meseta es, para la sexualidad transorgásmica, donde se experimenta el verdadero proceso y placer orgásmico de hacer el amor, que puede durar horas. Esta “Experiencia Valle o Meseta”, por su parte se vuelve mucho más familiar a nosotros cuando exploramos las prácticas meditativas, o “estados de flujo”, como los del arte, del juego o la danza, que ponen mucho más de relieve el proceso que el fin. Esta fase contiene muchos “momentos orgásmicos” que nos remiten a la capacidad multiorgásmica” de la mujer o incluso del hombre de la que nos hablan Chia & Abrams (1999).

De todos modos la diferencia entre orgasmo y eyaculación no es tan útil cuando pasamos a la sexualidad femenina, porque obviamente la mujer no tiene semen que eyacular (aún cuando a veces emiten un fluido de consistencia similar). Sin embargo, toda mujer puede tener también la experiencia del éxtasis transorgásmico (orgasmos Valle o Meseta) o bien descargarse en una especie de estallido similar al reflejo eyaculatorio, sólo que sin semen. Esta diferencia está corroborada al leer los clásicos de alquimia china antiguos que se refieren a esta importante diferencia en la mujer:

"Cuando una mujer hace el amor con un hombre, es en extremo importante que
su corazón permanezca tranquilo y sus pensamientos sosegados… …Si siente que
responderá a los movimientos del hombre con un orgasmo involuntario, la mujer
detendrá los movimientos de su cuerpo y, de esta manera, nutrirá su esencia. Si
se agota su esencia Yin debido a la repetición de orgasmos involuntarios, se
crea una especie de vacío en su cuerpo, que atrae la enfermedad".
(citado
en Douglas & Slinger, 1987, p. 304).
También el mismo Mantak Chia, al hablar de la capacidad multiorgásmica –que nosotros llamaríamos “transorgásmica”- de la mujer, señala que la mujer también debe evitar el estallido, porque en él la energía va afuera y se pierde. Ella debe aprender a reconocer cuando la energía está próxima a escapársele y, con una técnica que él llama “La Aspiración del Orgasmo”, reconducir la energía hacia adentro y hacia arriba en una oleada de placer (Chia & Chia, 1993)

Al final es un asunto de palabras, pues yo, en el modelo transorgásmico, he querido identificar “orgasmo” con “estallido” –lo mismo que Marnia Robinson en sus libros-, mientras Mantak Chia y otros maestros taoístas y tántricos nos dicen que el “orgasmo” es más bien el éxtasis previo, y que el estallido es la eyaculación. Vuelvo a plantear que esta última manera de distinguir ambas experiencias es bastante útil para el hombre, pero para la mujer no lo es tanto. A menudo preguntan: “¿Y nosotras qué?”, y es por eso que Marnia yo hemos querido ser más radicales y hablar simplemente de orgasmo en términos de “explosión”, tanto en el hombre como en la mujer.

En la cita a continuación, se observa cómo el mismo Mantak Chia ya comienza a hablar, no de orgasmo vs. eyaculación, sino de orgasmo valle vs. orgasmo común (o “pico”). Desde mi modelo yo diré que la diferencia debiese ser éxtasis transorgásmico vs. orgasmo a secas, ya que asumo, para simplificar las cosas, que “orgasmo” es siempre la “explosión”. Cuando a futuro plantee y explique el modelo a través de la metáfora termodinámica, quedará mucho más clara la diferencia orgasmo/transorgasmo. Veamos la cita de Mantak Chia:

“Tu orgasmo será completamente distinto de lo que se conoce como un simple orgasmo breve y local que desperdicia la energía. Al repetir los contactos sexuales durante cierto tiempo, va aumentando el placer, llenando la Órbita Microcósmica y todo el cuerpo. A diferencia del orgasmo normal rápido u orgasmo de pico, cuyo momento culminante se limita principalmente a la zona de los genitales, este orgasmo te dará una nueva sensación de equilibrio que se quedará almacenada en tu cuerpo mucho después de -que tu placer se haya convertido en un recuerdo efímero.

"Los taoístas abogan por el Orgasmo Valle como una expansión continua del orgasmo que se desplaza por todo el cuerpo, prolongando interiormente el orgasmo durante media hora, una hora, dos horas o más tiempo aún, en un éxtasis poderoso, gradual e ilimitado. Puedes disfrutar indefinidamente de este tipo de amor sexual, sin tener que pagar este placer con tu energía vital.

Durante el Orgasmo Valle, los amantes pueden relajarse y tener todo el tiempo del mundo para compartir sus caricias. No hay ninguna explosión frenética, sino una oleada de energía sutil tras otra, que bañan al hombre y a la mujer entrelazados. El Orgasmo Valle no es una técnica, sino, más bien, una experiencia que los amantes dejan que se produzca, animados por un proceso comprobado a lo largo del tiempo”.
(Chia & Chia, 1993, p. 226, 227)

REFERENCIAS:

Chia, M. & Abrams, D., (1999). El Hombre Multiorgásmico. Madrid: Neo Person Eds.

Chia, M. & Chia, M. (1993). Amor Curativo a Través del Tao. Cultivando la Energía Sexual Femenina. Madrid: Mirach, S.A.

Douglas N. & Slinger, P. (1987). Secretos Sexuales. La Alquimia del Éxtasis. Madrid: Mr. Ediciones

Reich, W. (2010). La función del orgasmo. Barcelona: Paidós

miércoles, 12 de mayo de 2010

Orgasmo: por qué las parejas pierden gradualmente el deseo y la atracción sexual mutuos

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La pérdida de interés en mantener relaciones sexuales es uno de los problemas que más afecta a las parejas hoy en día.

Como psicólogo me ha tocado muchas veces atender a personas que dicen que, pese a que en los primeros meses o años de una relación mantenían una vida sexual bastante activa, hoy ya no se sienten atraídas por sus parejas.

¿De dónde viene esta pérdida de interés tan desconcertante? ¿Debemos culpar a al “mal sexo”, aquél donde los amantes no llegan juntos al orgasmo? ¿O debemos buscar causas psicológicas, quizás en la inmadurez afectiva o en la pérdida de contacto con su propia feminidad/masculinidad? ¿Cómo enfrentar el fenómeno desde una perspectiva más amplia?

La verdad es que frente al argumento del “mal sexo”, no existe demasiada evidencia a favor. Mucha/os de mis pacientes afirman que en el pasado han llevado vidas sexuales intensas y creen, de hecho, haber disfrutado bastante haciendo el amor. Las mujeres reportan que a menudo lograban el orgasmo, por lo que presumimos que en ningún caso eran encuentros dispares o insatisfactorios (desde la perspectiva de respuesta sexual)
Por otra parte, si lo vemos por el lado psicológico, encontraremos algunas pistas en el hecho de que a lo mejor se trata de hombres y mujeres poco maduros emocionalmente, al principio interesados en alcanzar el objetivo de poseer a sus parejas, pero luego, cuando lo consiguen, pierden el interés en ella. Esto nos lleva a pensar que quizás estamos en presencia de algún trastorno de personalidad o síntoma neurótico, donde tan rápido como se logra hacer seguro el amor, luego se lo olvida, perdiendo el interés en él… Y pensaríamos que de algún modo están transformando al compañero en una especie de objeto que una vez usado, puede ser desechado. Y -como ya dijimos- también sería posible hallar el motivo en alguna suerte de desconexión con la masculinidad/feminidad, o falta de aceptación del propio cuerpo, etc., etc. ¿Acaso estos individuos son extremadamente exigentes y a la primera falla devalúan al otro, sacándolo del pedestal donde lo han puesto? ¿Acaso están enamorado/as más bien de una proyección o imagen ideal de hombre o mujer que, reflejado en sus pareja, con el tiempo se va resquebrajando?

Quizás. La esfera psicológica ofrece éstas y muchas más interpretaciones que podrían explicar una buena parte de lo que ocurre con estos individuos. Y es siempre positivo considerarlas, así como tomar psicoterapia alguna vez en la vida para resolver muchos de estos temas que pueden obstaculizar grandemente su desarrollo y relaciones.

Ahora bien, a pesar de su relevancia, la pista psicológica no ofrece tampoco el 100% de explicación a la pérdida del deseo. Y el problema tampoco parece ser el amor, porque la mayoría de las veces quienes consultan dicen querer y amar mucho a sus parejas.

Es el sexo el problema. El sexo con su pareja no les atrae. Y casi ninguna cosa que haga ella por conquistarla y despertar su deseo parece ser una solución definitiva. Algunos sexólogos proponen esto de jugar a “innovar”, de modo de ponerse creativos, romper la rutina, irse un fin de semana a la playa, a un motel, o cosas así.

Nosotros, en cambio, con el conocimiento de la sexualidad que nos entrega el enfoque transorgásmico [discutido en este sitio-blog], estamos dispuestos a aceptar una hipótesis nueva: que la pérdida del interés sexual es uno de los efectos de la resaca orgásmica a la cual están expuestas todas las personas que llevan vidas sexuales activas y “normales”

No es un asunto psicológico (al menos no totalmente) ni tiene que ver con el buen sexo o mal sexo. Más bien se trata de una cuestión química que afecta el funcionamiento de nuestro cerebro, y que se origina en que las parejas están manteniendo relaciones sexuales con orgasmo.

El orgasmo en sí puede ser placentero, y no lo estamos condenando. Pero sepa el lector que existe una consecuencia invisible de la cual somos muy poco concientes, y es que después del orgasmo nuestro cerebro inhibe ciertas sustancias que son esenciales para sentir placer y atracción, e incluso son esenciales para sentirnos contentos y felices a largo plazo. Y esto, naturalmente afecta también la percepción. Si en un comienzo a nuestra pareja le veíamos como el ser más atractivo e interesante del planeta, pronto terminamos por aceptarlo como un “peor es nada” al que con cariño (y cierta cuota de desencanto) debemos aprender a aceptar.

Todas las parejas estables que llevan vidas sexuales activas pasan tarde o temprano por este fuerte duelo, donde poco a poco se van desencantando sexualmente de su pareja, claro que el amor y el cariño los puede mantener unidos por mucho tiempo. Y por supuesto que no estamos en contra de esto último, ya que el amor debe ser uno de los fundamentos de cualquier relación de pareja.

Pero la atracción y la sexualidad también son fundamento. No debemos caer en el conformismo que dice que toda pareja está a la larga condenada a perder su mutuo magnetismo y atracción. Así como el enamoramiento no reemplaza al amor, tampoco el amor no debiera reemplazar al enamoramiento, pues ambos son muy necesarios.

Pero volvamos al asunto del orgasmo. Marnia Robinson, escritora norteamericana y una excelente amiga, nos ha relatado con lujo de detalles los hallazgos que la ciencia actual ha hecho respecto a la conducta sexual de los mamíferos. Y en su libro “Cupid’s Poisoned Arrow” (Robinson, 2009) nos presenta una serie de de estos hallazgos que nos describen cómo algunos neurotransmisores como la Dopamina (a veces llamada la “Cocaína Interna”) son los responsables de que nos sintamos atraídos y enamorados (obviamente, en este funcionalismo también participan las hormonas sexuales como andrógenos y estrógenos). El tema es que mientras estamos bajo los efectos de la Dopamina, nos sentimos de maravilla: energéticos, inspirados, vitales, el corazón nos late con más fuerza, etc. De hecho, esto no es negativo, pues la dopamina participa en el circuito de Placer/Recompensa del cerebro, y en dosis moderadas, es necesaria para motivarnos y sentir placer. En exceso de Dopamina se dice que motiva las adicciones y conductas compulsivas.

Ahora bien, ¿qué tiene que ver esto con el sexo? Indudablemente –y esto está demostrado- la actividad sexual pone en actividad todo el sistema dopaminérgico del cerebro. El placer creciente que sentimos cuando nos excitamos tiene que ver con la acción de la Dopamina en el cerebro. Esto nos motiva a tener relaciones sexuales y éstas desembocan tarde o temprano en el orgasmo. Y aquí está el punto: el orgasmo –como también se ha investigado- implica que en nuestro cerebro ocurra una gran “explosión” de Dopamina, la cual nos entrega un potente pero corto placer. ¿Qué ocurre después? Pasado el instante de placer y conforme pasan los minutos, la horas y los días incluso, después de haber intimado sexualmente, los niveles de dopamina cerebral caen dramáticamente. O más bien, lo que tenemos es una suerte de oscilación muy
marcada entre momentos en que la dopamina está baja y otros en que vuelve a estar alta (Robinson, 2009)

Ahora bien, ¿Cuáles son los efectos psicológicos de esta oscilación? Podríamos decir que con la dopamina alta volvemos a sentirnos estimulados, activos, motivados, mientras que con la dopamina baja ocurre lo opuesto: debido a la falta, también las endorfinas del cuerpo disminuyen, lo que trae como consecuencia un sentimiento de displacer, incomodidad o susceptibilidad frente a los estímulos. Esta oscilación nos trae una suerte de bipolaridad que afecta nuestro estado de ánimo y nuestra percepción de nosotros mismos, de nuestra pareja, y de la relación. Y puede que a la larga nos sintamos confundidos y que inconscientemente empecemos a desarrollar una cierta distancia emocional o sexual con nuestra pareja. Y aunque los primeros meses de la relación pueden verse buenos, los efectos más fuertes pueden venir tardíamente. Marnia en su libro nos entrega muchísima más información, evidencias científicas y testimonios al respecto.

La psicología, por su parte, nos señala que el displacer y la incomodidad a la larga operan como estímulos aversivos, que en este caso por condicionamiento clásico uno termina asociando inconscientemente con la pareja o con la sexualidad entre ambos. El displacer puede enfocarse en la pareja, en la relación, o en la misma esfera sexual. Ese displacer empieza a tomar forma en lo que solemos denominar “rutina” y que no es otra cosa que un efecto característico de la “Resaca Orgásmica” (Robinson, 2009).

Es relevante que desde hace milenios, los maestros taoístas Chinos han venido describiendo los efectos negativos del orgasmo y señalan que en éste, (que ellos asocian a la eyaculación, pero que se refiere en sí a la “explosión” orgásmica o descarga energética en ambos sexos) ocurre una pérdida de energía yang que debilita la atracción. En ese sentido, Abrams & Chia (1997) dice que la atracción depende de la fuerza de la carga yin-yang entre y en los amantes, y plantea que la eyaculación debilita la energía yang (pero también la mujer se ve afectada si tiene descargas orgásmicas como las del hombre).

Otro de los efectos de la Resaca Orgásmica, el cual ya hemos explicado en otros artículos, acá conviene volver a mencionarlo. Nos referimos al llamado Efecto Coolidge, el cual señala que si nosotros estimulamos a un individuo sexualmente para que copule hasta el agotamiento con una misma pareja, llegará un momento en que perderá todo interés por esa pareja. Aun estando en celo, se mostrará completamente indiferente hacia ella. Sin embargo, si ponemos frente a él otra hembra (en el caso del macho), la atracción mágicamente retorna, y dicho individuo comenzará un nuevo ciclo de cortejo-apareamiento (Robinson, 2009)

El Efecto Coolidge no es un invento nuestro, ha sido diseñado por la evolución como parte normal de la conducta sexual de los mamíferos. Las investigaciones revelan que opera a nivel del sistema límbico, a través de los mecanismos de la Dopamina (que ya describimos), la Prolactina, y otras hormonas y neurotransmisores que regulan los mecanismos de atracción/aversión. Los humanos también tenemos un sistema límbico o “cerebro primitivo”, el cual regula muchas de nuestras funciones instintivas como aquella que tiene que ver con la atracción sexual. Está 100% claro entonces, que el Efecto Coolidge (o alguno muy similar) trabaja también en nosotros, sólo que de un modo casi inconsciente e imperceptible. ¿La razón del mecanismo? Muy simple: a la evolución le conviene que un individuo constantemente se aparee con distintas parejas, porque así aumenta la variabilidad de los genes de la descendencia, incrementando de paso las probabilidades de subsistencia de la especie.

Observemos nada más como el Efecto Coolidge se da en las relaciones y marca fuertemente a los matrimonios y a las parejas que llevan largo tiempo juntas. Veamos que a menudo la actividad y el entusiasmo sexual tienden a decaer, o se mantiene en frecuencia, pero no necesariamente en calidad. ¿Ficción? No lo creo tanto. Lo he podido ver muy de cerca en mi consulta psicológica: mujeres u hombres que después de algunos años de relación tienen grandes dificultades para sentirse atraídos por su propia pareja (a la cual aman), pero que sin embargo de pronto se sienten fuertemente atraídos por un tercero en el trabajo, en una fiesta, etc., etc.

Lo que yo como psicólogo de parejas he podido observar, es que habitualmente un miembro de la pareja (a menudo el más sensible) empieza a sentirse incómodo con las relaciones sexuales, y poco a poco empieza a sentirse mejor llevando una vida de abstinencia, aun al interior de la pareja. Es lo que le ocurre a muchas mujeres que, pese a que aman y admiran a sus maridos, no sienten ya las mismas ganas de antes a la hora de hacer el amor. Por otro lado, el otro miembro de la pareja, con más frecuencia el hombre, resuelve el tema por la vía de la infidelidad. El Efecto Coolidge le impide sentirse atraído por la mujer con la que convive, pero se siente estimulado a tener múltiples aventuras y encuentros ocasionales con otras mujeres, a las que no verá de manera estable. Por un asunto de “masculinidad” –como él le llama- igual sigue manteniendo relaciones con su mujer, como rutina, aún cuando ya no esté enamorado de ésta. Quizás él con frecuencia se masturba, y consume kilos de pornografía para sobrellevar su desidia. Por mientras, la relación se enfría y aparecen los problemas que se disfrazarán de “incompatibilidad”, “falta de comunicación”, “necesidad de espacio personal”, “conductas de manipulación”, entre otras.


Taoístas modernos como Mantak Chia señalan paralelamente que lo que ocurre entre hombres y mujeres es que poseen distintos flujos de energía: en los hombres -dice Chia- la energía va del cielo a la tierra, y por eso el hombre tiende siempre a querer descargar su energía sexual y funciona mucho "desde la cintura para abajo". En la mujer ocurre que la energía va desde la tierra al cielo, por lo que a menudo se queda con la experiencia más bien romántica o afectiva de la sexualidad, es decir "de la cintura para arriba". La desarmonía comienza a hacerse notoria cuando en la sexualidad ambos flujos se polarizan, entonces los hombres se vuelven excesivamente físicos y carnales, pero con poca implicación emocional, mientras muchas mujeres empiezan a experimentar síntomas de falta de deseo sexual y lo reemplazan con el mero afecto. El punto crucial será cómo hacer para que la sexualidad equilibre esas tendencias tan lineales y las transforme en un circuito donde ambos miembros de la pareja puedan encontrarse energéticamente el uno al otro.

Quizás estamos exagerando demasiado el retrato y estamos olvidando a las grandes excepciones. Tiendo a pensar que no son tan comunes y que un matrimonio feliz es, a todas luces, la excepción a la regla. Y a veces esa felicidad pasa por una suerte de renuncia al sexo, por encerrarse en el trabajo, en la vocación social o en el cuidado de los niños, o a veces encontrar un trabajo lejos y pasársela viajando, o quién sabe. Muy a menudo, la frase “Hoy no, cariño, estoy cansado(a)” empieza a ser frecuente.

El orgasmo es, para Marnia Robinson, “La flecha envenenada de Cupido”, aquella que a la larga termina separando a los amantes o disminuyendo su entusiasmo hacia el sexo. No obstante, esta flecha puede ser evitada sin tener que renunciar al placer o al contacto físico sexual. ¿Cómo? Siguiendo el camino que los taoístas y los tántricos ya trazaron: practicar el sexo sin llegar al orgasmo.

Así de simple, claro que al decirlo nos viene una especie de espasmo o escalofrío y nos preguntamos si eso no es lo mismo que renunciar al mejor placer del sexo. La respuesta categórica es un rotundo NO. Orgasmo no es la única alternativa para lograr placer o satisfacción. Incluso es a la inversa: el orgasmo, la mayoría de la veces –si no siempre- nos impide alcanzar la verdadera dicha y el verdadero placer sexual. Nos ofrece un placer breve y localizado que puede ser intenso, explosivo, pero es en sí mismo fugaz. No representa una experiencia transformadora. Tan rápido como lo logramos, tan rápido se desvanece. Después de la relación sexual, la realidad vuelve a parecernos tanto o más dura y decepcionante que antes. Aparte de sentirnos un poco más relajados y aliviados (ya que quedamos sin energía), yo no veo cuál es el placer. Cualquiera que haya vivido una luna de miel ardiente, con muchos orgasmos, estará de acuerdo en que hay una especie de decepción que inunda a los amantes después de un tiempo, y que no tiene que ver con el amor ni la compatibilidad directamente. Estamos frente a un fenómeno neuroquímico.

¿Y si no es el orgasmo, qué es? La alternativa se llama “Experiencia o Sexualidad Transorgásmica”, que es un nombre creado por mí el año 2003, pero que intenta mostrar que es posible ir más allá del orgasmo, y abrirse a un placer y un disfrutar de las relaciones sexuales hasta ahora desconocido por la mayoría de los occidentales. Los tántricos y los taoístas lo han sabido desde siempre, y a través de sus prácticas y sus filosofías lo han enseñado. El problema es que en Occidente no hay una palabra que pueda equipararse y que pueda expresar la esencia de lo que este tipo de sexualidad es. Por lo demás, el Tantra y el Tao pueden parecernos lejanos y excéntricos, más que nada porque existe una gran diferencia cultural entre nosotros y ellos, y porque las palabras y expresiones están en idiomas ajenos, así como su idiosincrasia y religiosidad. Por eso, si decimos sólo “Sexualidad Transorgásmica”, se nos ilumina a fondo a qué apunta este tipo de sexualidad, desde el punto de vista conductual.

Y es que la sexualidad transorgásmica tiene que ver con trascender o ir “más allá” del sexo orgásmico, abriéndonos a una experiencia más rica, transformadora y trascendente de nuestras relaciones sexuales. Al hacer el amor sin llegar al orgasmo, podemos mantenernos durante muchos minutos y hasta horas unidos a nuestra pareja. A través de la respiración y el movimiento rítmico vamos entrando en un estado mental más profundo, extático. Poco a poco nos vamos dejando mecer y estremecer por sucesivas olas de placer que no se limitan a la zona genital, como en la relación convencional, sino que invaden todo nuestro cuerpo. Uno se mantiene en un límite justo por debajo del umbral del de la descarga, con lo que podemos experimentar todo el placer de los suaves estremecimientos eróticos (que los taoístas dicen que son los verdaderos orgasmos), estando en profunda conexión emocional, física y espiritual con nuestra pareja, pero con total control y conciencia de nosotros mismos. Aunque parezca extraño, el fuego sexual que se consigue en la medida que dominamos la práctica, es mucho mayor y la satisfacción también mucho mayor que lo que logramos con una práctica de sexo común “caliente” con orgasmo.

Al no “acabar” en el orgasmo, no se experimenta ningún corte abrupto entre el antes y el después. Es uno el que puede elegir cuándo quiere parar, y retirarse sin haber descargado la energía sexual. Es decir, la sensación magnética que nos recorre de pies a cabeza durante el acto, no se pierde sino que se conserva, volviendo a la normalidad poco a poco. La respiración profunda nos permite relajarnos y sentirnos tan bien como después de una sesión en el gimnasio, pero sumándole todo el placer del sexo y el amor. En un nivel neuroquímico y hormonal, sustancias como las endorfinas y la oxitocina nos hacen sentir mucha satisfacción y deseo de estar más cercas de nuestro amante (a diferencia del sexo común, donde a muchos le dan ganas de dormirse aparte o salir corriendo).

La experiencia transorgásmica no es tampoco una experiencia donde haya que estar reprimiéndose, ya que una vez que hemos educado el cuerpo y la mente, fluye de modo tan natural, que no hay siquiera que pensar en evitar o controlar… Es tan natural como la habilidad de no orinarse los pantalones, caminar o mantener el equilibrio. Cuando ya nos hemos habituado a hacer el amor de esta manera, volver a la antigua práctica con orgasmo nos parecerá antinatural y hasta desagradable. La resaca orgásmica nos parecerá algo tremendamente evidente, que querremos evitar a toda costa. La descarga orgásmica será tan poco atractiva para nosotros como emborracharse con alcohol barato es para un buen catador de vinos.

La experiencia transorgásmica es también una buena solución para la pérdida de interés por la pareja. Haciendo el amor sin orgasmo engañamos a la naturaleza. La hacemos creer que estamos siempre como comenzando una nueva relación, tal como fue la primera vez que nos enamoramos con nuestra pareja. Y la atracción en vez de desaparecer, con el tiempo mejora. Los taoístas dice que incluso a los 60 años, la sexualidad es más satisfactoria e intensa que en la juventud.

Y engañar a la naturaleza significa que evitamos la bipolaridad entre mínimos y máximos de la Dopamina, así como el Efecto Coolidge. De verdad que estar enamorados para toda la vida y conservar la natural atracción con el mismo compañero es posible mediante la el método de La Sexualidad Transorgásmica, la cual es realmente benéfica para las parejas, cualquiera sea su condición (incluso si hay problemas entre ambos, éstos de seguro serán más manejables).

Ahora bien, ¿cómo hacer para que una mujer recupere el deseo a corto plazo? Quizás las recomendaciones de los sexólogos de cambiar la rutina puedan ayudar, así como también los ejercicios para desbloquear la cadera (el yoga o la terapia corporal reichiana son buenas alternativas), o quizás la psicoterapia sirva de gran ayuda. Sin embargo, para mi opinión, si no cambiamos el esquema de fondo de nuestras relaciones sexuales hacia un enfoque transorgásmico, los resultados puede que no sean definitivos. En otras palabras, puede que tengamos nuevamente relaciones sexuales, pero de calidad discutible. O puede que otros síntomas de la Resaca Orgásmica aparezcan, como peleas y luchas de poder, control y manipulación, depresión, hipersensibilidad, etc.

La invitación concreta es a practicar la Sexualidad Transorgásmica y probar sus beneficios.

REFERENCIAS:

Abrams, D. & Chia, M. (1997) El Hombre Multiorgásmico (9na. Edición). Ediciones Neo Person.

Robinson, M. (2009) Cupid’s Poisoned Arrow. Berkeley: North Atlantic Books.

Ejercicios para practicar la Sexualidad Transorgásmica.

En general la sexualidad transorgásmica viene a ser una bonita teoría, a menos que, en conjunto con nuestra pareja, decidamos iniciar la práctica.

Por supuesto, el primer gran obstáculo será siempre convencer a nuestra pareja. Ahora bien, si después de leer estos artículos, el enfoque transorgásmico ha pasado de ser algo meramente “interesante” y lo llegamos a comprender –aunque sea teóricamente- como algo "realmente importante”, “lógico” y “digno de poner en práctica”, entonces ha llegado el momento de plantearlo seriamente a nuestra pareja. Porque si algo se vuelve demasiado importante y esencial para ti, también debe serlo para tu pareja, sobre si se trata de algo que concierne a nuestras relaciones íntimas.

Lo importante es que tengas claro tu objetivo: cuando Colón se convenció de que la tierra era redonda, su convicción teórica fue tan grande que logró persuadir a otros y conseguir que se embarcaran con él en su aventura, a pesar de que -al igual que hoy en la sexualidad- las personas de esa época aún eran bastante cerradas y supersticiosas.

De esta forma, cuando uno ya se decide a probar el sexo transorgásmico, se topa con el primer gran pero, que por lo general lo ponen los hombres: ¿cómo controlar el orgasmo y evitar eyacular? y, lo más importante, ¿cómo hacer que la práctica sea satisfactoria?

Si bien en una entrada anterior (6 de abril) dimos las claves prácticas para tener un encuentro sexual transorgásmico, a continuación daremos algunos ejercicios y técnicas que nos permitirán entrenar la capacidad del cuerpo para llevar a cabo la práctica transorgásmica. [Quienes quieran leer sobre cómo se lleva a cabo la práctica en sí, remítanse al artículo “¡¡Bienvenidos a la práctica!! Cómo hacer el amor de modo transorgásmico”, publicado en este mismo blog el 06/04/2010]

Para contextualizar mejor los distintos ejercicios, diremos que en general, el éxito de la práctica depende de tres cosas:

Desarrollo de la Fuerza Sexual
Desarrollo de la Sensibilidad Sexual
Aprender a hacer circular la energía sexual por el cuerpo.

1) La Fuerza Sexual:

a.- Entrenamiento del Músculo Pubocoxígeo

Desarrollar la fuerza o la resistencia sexual se refiere más que nada a entrenar los músculos que nos permiten tener un mayor control de la energía sexual. El músculo más importante es el Músculo Pubocoxígeo (PC), el cual se extiende desde el hueso púbico al coxis por el suelo pelviano, tanto en hombres como en mujeres. La razón por la que muchos hombres sufren de eyaculación precoz y encuentran impensable poder mantenerse sin eyacular, es, en gran medida, porque su músculo PC no se halla desarrollado. Este músculo es el mismo que nos permite aguantar la orina, por lo cual es perfectamente apto para contener y regular los impulsos que ordinariamente nos llevan a la descarga orgásmica.

Cuando estamos haciendo el amor, debemos aprender a contraer y a soltar conscientemente este músculo, tal como un buen equitador sostiene las riendas de su caballo. Sabemos que las riendas no pueden estar siempre tensas al cabalgar (pues cansaría al caballo y entorpecería su marcha), pero eso no impide tenerlas bien sujetas para que con un pequeño “tironcito”, se conduzca al caballo. Y en caso de querer frenar, el jinete no se hará problemas en tirar fuertemente de las riendas. Ahora bien, si estas últimas están débiles y gastadas, o demasiado elásticas, puede que no cumplan bien su función. A través de esta metáfora podemos comprender lo que ocurre con el músculo PC: necesitamos que esté fuerte y a tono, porque así podremos conducir y frenar nuestros impulsos sexuales a la hora de hacer el amor.

Ejercicio para fortalecer el músculo PC:

I. Ejercicio I:

Toma asiento en una silla o piso, manteniendo (sin forzar) la espalda recta y la cabeza erguida. Coloca las manos sobre los muslos.
Fija tu atención en el punto medio entre los testículos y el ano (o en la entrada de la vagina en el caso de las mujeres)
Aprieta el músculo PC como si estuvieras conteniendo la orina. Toma aire por la nariz al apretar, retén (aire y músculo) por 3 segundos y suelta.
Mantén el resto del cuerpo relajado cuando hagas este ejercicio (sin apretar muslos, glúteos). Puedes apretar ligeramente el diafragma y los abdominales cuando retengas el aire.
Repite el ejercicio muchas veces.

II. Ejercicio II:

1. Cada vez que vayas a orinar, retén la micción las veces que puedas y luego continúa. Esta sencilla práctica te permite fortalecer el PC.

2. Para el mismo efecto contrae los músculos púbicos y cuenta hasta tres, después, relájalos y repite la acción diez veces. Seguidamente, contrae y relaja rápidamente a discreción. Si lo realizas varias veces por día tu músculo PC te permitirá afrontar el absoluto control eyaculatorio, y a las mujeres tener mayores sensaciones sexuales.

III. Ejercicio III:

1. Estando de pie, coloca la espalda contra una pared, pies paralelos y separados en el ancho de las caderas.
2. Flecta un poco las piernas, de modo que quedes como si estuvieras semi sentado en un piso imaginario. Lo normal en esta posición es que quede un espacio entre tus vértebras lumbares y la pared.
3. Cuenta hasta 3 y lleva la pelvis adelante, inhalando el aire y reteniendo unos pocos segundos. Nota como al hacer este movimiento con la pelvis, las vértebras lumbares van hacia atrás y quedan completamente apoyadas en la pared (desparece el espacio).
4. Luego exhala y suavemente devuelve la pelvis hacia atrás.
5. Repite el ejercicio varias veces, incorporando en él el apretar el músculo PC cuando la pelvis va hacia delante.
6. Este ejercicio también lo puedes hacer de espaldas, como muestra la figura (a la izquierda)

IV. Ejercicio IV (hombres)

Cuando un hombre está excitado (con erección) puede practicar colgándose un pequeño peso en la punta del pene (colgar una toalla, o diseñar una bolsita de género con una piedra dentro)
A continuación contraer y relajar el músculo muchas veces haciendo que el pene levante el peso en su punta.
Con la práctica se puede ir aumentando el peso.

V. Ejercicio V (hombres)

Estando excitado, con erección, un hombre puede tomar su pene con la mano y presionarlo fuertemente contra el propio vientre (pene hacia arriba).
Sin dejar de presionar, contraer y relajar el músculo PC como en los ejercicios anteriores.
Este ejercicio también es útil si el hombre se tiende sobre la cama y mueve la pelvis suavemente de adelante atrás apretando el músculo PC, como si estuviera haciendo el amor con el colchón.

Para saber con detalle en qué contexto usar el músculo PC, ir al artículo sobre la práctica transorgásmica el día 06/04/2010

VI. Ejercicio V (mujeres)

Introdúzcase la mujer algún objeto largo en su vagina e intente apretarlo tensando el músculo PC.
Los chinos recomiendan utilizar un pequeño huevo de madera que una mujer debe introducirse en la vagina y hacer sobre él el ejercicio de apretar-soltar. Estos huevos pequeños u objetos similares pueden ser encontrados en los Sex Shops.

Tengamos en cuenta que estos últimos ejercicios no son ejercicios de masturbación en sí, ya que lo principal es ejercitar el músculo PC. Sin embargo, si alguien desea experimentar con sus sensaciones sexuales, es libre de hacerlo, pero recomendamos que se detenga justo antes de llegar al orgasmo, y que utilice las técnicas del punto 3 (más adelante) para hacer circular la energía sexual y no experimentar molestias.

b.- Desarrollo de la respiración abdominal.

Una respiración profunda, abdominal, es la segunda gran clave para aumentar la fuerza sexual. Para eso debemos entender que se trata de respirar de un modo intencionalmente muy distinto al como lo solemos hacer en un acto sexual ordinario. En éste último, los amantes sin experiencia suelen respirar cada vez más rápido, como si jadearan, y ponen todo el énfasis en la fase de la exhalación. De esa forma, los impulsos se agitan hasta el punto en el cual se vuelven incontrolables.

Por el contrario, si en el momento de hacer el amor utilizamos la respiración abdominal, profunda, y ponemos nuestro énfasis en la inhalación y la breve retención del aire, conseguimos calmar la excesiva pasión y de esa manera logramos mayor control. Si sentimos que la explosión orgásmica está próxima a venir (tanto hombres como mujeres), podemos disminuir o detener el movimiento y hacer una fuerte inhalación, al tiempo que apretamos el músculo PC. Retenemos el aire unos segundos y, pasado el peligro, retomamos lentamente el ritmo previo.

La respiración profunda del abdomen tiene también la virtud de producir en nosotros un estado mental más profundo y receptivo, con el que nos conectamos más con nuestro cuerpo y con nuestra pareja. En general, diremos que
· Nos relaja
· Oxigena nuestro cuerpo y cerebro
· Nos armoniza
· Nos permite armonizarnos y equilibrarnos emocionalmente, y conectarnos con nuestra pareja
· Nos hace entrar en un ritmo mental diferente (estado Alfa)
· Nos permite controlar el orgasmo y la eyaculación.
· Hace que nuestra energía sexual se expanda por el cuerpo.

Acá entregamos un par de prácticas para desarrollar este tipo de respiración:

Ejercicio I

1. Toma asiento, con la espalda recta y la cabeza erguida. Debes estar relajado y cómodo.
2. Pon las manos cruzadas en el abdomen
3. Inhala por la nariz e imagina que tu aire baja bien abajo, hasta tu estómago (el cual se hinchará un poco). Nunca infles el pecho o levantes los hombros.
4. Retén unos breves segundos
5. Exhala, pero sin soplar, más bien intenta empujar el aire con el diafragma suave y controladamente como si apretaras un fuelle o movieras el émbolo de una jeringa. Que tu espiración sea lenta y pausada.

Ejercicio II

1. Cuando la respiración abdominal se haya instalado ya como un hábito natural en ti, intenta practicarla estando de pie o al caminar. Luego ejercítala al hacer deporte. Finalmente, al tener sexo con tu pareja.

Este tipo de respiración ayuda a controlar el acto sexual, pues baja nuestras revoluciones durante éste. Esto, al contrario de lo que se puede pensar, no nos resta placer, sino que hace que éste se magnifique y se profundice. Lo típico de una relación sexual común es que las respiraciones sean cortas, a veces jadeos, con lo que nuestra energía tiende a disiparse rápidamente (eyaculación precoz, falta de conexión emocional con nuestra pareja).

Tanto hombres como mujeres debemos desarrollar la Fuerza Sexual, pues eso mejorará no sólo el control de la energía sino la calidad del placer experimentado.

2) Sensibilidad Sexual

La sensibilidad sexual la logramos cuando somos capaces de reconocer cuando el cuerpo nos anuncia que el orgasmo está cerca. En general, necesitamos desarrollar una buena conciencia corporal, y eso es válido tanto para hombres como para mujeres. Cuando sentimos que el orgasmo se acerca, simplemente disminuimos o detenemos el movimiento, aspiramos profundo y apretamos la musculatura PC. Retomamos a los pocos segundos para seguir disfrutando de hacer el amor durante el tiempo que deseemos.

Las prácticas de sensibilidad son prácticamente las mismas que las que hemos dado para desarrollar la fuerza sexual, ya que fuerza y sensibilidad suelen ir juntas.

Además de eso, cualquier técnica de relajación nos permitirá estar más sensibles. El estrés y el aceleramiento, serán los enemigos de una correcta sensibilidad.

Aunque parezca algo muy difícil de lograr, pensemos por un momento en la sensibilidad que desarrolla el conductor de un vehículo cuando aprende a manejar. Con la práctica, puede que se desentienda de estar pendiente del vehículo y podrá conversar o pensar en otras cosas mientras maneja. No obstante, cualquier ruido o movimiento extraño llamará al instante su atención y lo hará disminuir la velocidad o detener el vehículo. Esto mismo es lo que hacemos durante el acto sexual.

3) Hacer circular la energía.

Cuando hacemos el amor, nuestros genitales y nuestra zona pélvica están rebosantes de energía. Usando la metáfora alquímica, son como una gran caldera que hierve a alta temperatura.

La experiencia transorgásmica es más completa y más satisfactoria cuando en pleno acto sexual (e inmediatamente después de éste), hacemos ascender los “vapores” o energía sexual desde la pelvis a la cabeza, para que así la sensación sea completa (éxtasis corporal y no sólo genital). Esto es lo que llamamos “hacer circular” o “transmutar” la energía, pasando por los distintos chakras, desde los más bajos a los más altos.

Transmutar la energía permite que ésta no quede abajo después de hacer el amor, ya que si no descargamos nuestros órganos, al enfriarse el cuerpo sobrevienen dolores.

I. Ejercicio I:

La primera gran clave para transmutar los vapores, y extender el placer de las oleadas de energía por todo nuestro cuerpo, es la Respiración Abdominal profunda, que ya hemos descrito. Esta respiración es como bombear, o absorber desde afuera hacia adentro y desde abajo hacia arriba..

II. Ejercicio I:

La segunda gran clave consiste en ayudarse con la imaginación para visualizar la energía sexual subiendo como energía Kundalini por nuestra columna vertebral hacia arriba.

Esta práctica de imaginación puede entrenarse a cabo en frío, sentado en una silla, y puede ser combinada tanto con la respiración como con el trabajo muscular que ya hemos descrito. Luego, y es el objetivo, practiquémosla en pareja mientras hacemos el amor, integrando de nuevo las técnicas anteriores.

Al inhalar imaginamos un rayo u onda de energía que asciende desde nuestra pelvis hacia nuestra cabeza y baja luego al corazón.
Al retener el aire unos breves segundos, imaginamos que esa energía se concentra en nuestro corazón o entrecejo.
Al exhalar visualizamos que una gran luz se expande desde nuestro corazón.

Una variante magnífica consiste en imaginar esta energía subiendo por los chacras e iluminándolos.

Los ejercicios de hacer circular la energía sexual son muy importantes, ya que como señala el clásico de alquimia taoísta “El Secreto de la Flor de Oro”: la luz (o energía sexual en este caso) es muy difícil de fijar. Si intentamos detenerla se nos escapa, por lo tanto la manera de fijarla es haciéndola circular en lo que ellos llaman “El Cursos Circular de la Luz”. Mantak Chia, un maestro taoísta actual, habla de hacer circular la energía sexual por la “Órbita Microcósmica”, de la cual ponemos una imagen (ver figura)

Con estas prácticas, tanto la mujer como el hombre aprenden a dominar la Sexualidad Transorgásmica. Como Ícaro, debemos estar conscientes de no volar tan cerca del sol que nuestras alas de cera se derritan (la descarga orgásmica) ni tan bajo como para que caigamos al mar (cuando el cuerpo pierde la excitación).

martes, 11 de mayo de 2010

Los dos caminos del amor y del sexo: La Afrodita Sensual y la Afrodita Celeste

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A lo largo de las publicaciones de este blog, ha ido quedando claro cómo el modelo Transorgásmico de la sexualidad, presente en el Tantra, en el Tao Sexual, y en otras tradiciones que vinculan la experiencia del sexo con la trascendencia y la espiritualidad, es un modelo que contrasta con la manera que llamaremos “orgásmica”, de entender y vivir la sexualidad.

Y es que estamos frente a dos paradigmas casi por completo opuestos de lo que comprendemos por vida sexual. Se trata no sólo de algo teórico, sino eminentemente práctico: Ambas experiencias, orgásmica y transorgásmica, se viven diametralmente distinto.

En el primer caso (sexo orgásmico), el encuentro sexual culmina en el orgasmo (de uno o de ambos miembros) y el placer máximo se alcanza en el momento de la descarga. Desde el punto de vista energético, lo que tenemos es una especie de “explosión”, la cual acaba con el "fuego" sexual, que requerirá de un tiempo para recuperarse (etapa de “resolución). Debido a que el orgasmo ocasiona una serie de cambios neuroquímicos en el cerebro señalados por Robinson (2003 y 2009) [que ya hemos señalado en anteriores artículos], nuestra percepción hacia nuestra propia pareja y hacia el mundo que nos rodea, a la larga cambia radicalmente y nos produce desencanto, agotamiento y cierta sensación de pérdida y agotamiento (entre otros síntomas acumulativos).

En el segundo caso (sexo transorgásmico), el encuentro sexual se centra más bien en el intercambio afectivo y “magnetización mutua”, y el placer máximo es una experiencia de conexión y éxtasis profundo y sostenido entre los amantes, que nunca implica descarga u orgasmo convencional (podríamos hablar –como en el Tao- de un “Orgasmo Valle” o de la experiencia “multiorgásmica” de la que nos habla Mantak Chia (Abrams & Chia (1997)). Desde la perspectiva energética, tenemos –más que una explosión- una especie de “reactor nuclear” que nos lleva a mantenernos por largo tiempo en un fuego constante y maravilloso, acabando sin orgasmo, o sea sin que exista corte ni descarga, ni las indeseables consecuencias neuroquímicas. Producto de la práctica constante, nos vamos acercando cada vez más a nuestra pareja y a un bienestar generalizado, y comenzamos a entender por qué las tradiciones transorgásmicas veían la sexualidad como un camino espiritual.

El celibato y la abstinencia sexual, muchos dirán que constituyen un tercer camino, pero no lo es, ya que está en la misma lógica del primero. Muchos hombres y mujeres que renuncian al sexo, lo hacen porque están desencantados y aburridos de la práctica ordinaria. Ellos saben que cada vez que tienen sexo terminan cansados, desencantados, o a la larga pierden el interés en sus parejas, pero como ignoran que estos son los efectos típicos de la resaca orgásmica, culpan a las relaciones sexuales en general. Entonces, como muchos santos cristianos, terminan igualando vida sexual activa con pecado y concupiscencia, o con sufrimiento (o Samsara) como muchos monjes célibes budistas. La abstinencia es la reacción –más que contra el sexo en sí- contra el orgasmo, por sus efectos negativos. Por esta razón, entre orgasmo y celibato existe una relación dialéctica impuesta por la neuroquímica del cerebro: es difícil, o imposible -diría yo-, a la larga congeniar la práctica espiritual, que busca aumentar nuestro nivel de conciencia y energía, con el sexo ordinario (orgásmico) que fisiológicamente lo decrece. Por lo mismo, el paradigma o modelo imperante en el celibato sigue siendo orgásmico.

Los dos caminos, aunque nos parezca extraño, siempre han estado presentes en nuestro inconsciente colectivo. Desde la antigüedad se hablaba de dos tipos de amor, sagrado y profano, y es casi seguro que el sexo transorgásmico no fue algo desconocido, aunque se mantuvo en secreto como un Misterio al que sólo los “iniciados” podían acceder.

Ya Platón en El Banquete nos da cuenta de dos tipos de amor: el amor común, mundano, de la “Afrodita Pandemos” o "sensual", nacida de un acto carnal y el Amor de los Filósofos, de la “Afrodita Celeste”, nacida de la espuma del mar fecundada por los testículos de Urano. Luego en el Nuevo Testamento se nos habla de dos polos, la Carne y el Espíritu, donde ambos hacen nacer cosas (“Lo que nace de la carne, carne es y lo nace del espíritu, espíritu es" (Juan 3,6)). Ahora bien, nosotros hemos tendido a considerar que el sexo es siempre la Carne, ¿pero y si tuviera que ver –como plantean los tántricos- con el Espíritu? Después de todo el Espíritu no está tan exento de connotación sexual, ya que éste aparece en muchos mitos fecundando a una virgen (no sólo a María).

Esto, por supuesto puede llegar a escandalizarnos, ya que el sexo es “la cochinada” (por algo decir chistes sexuales y chistes cochinos es casi lo mismo en nuestra época). ¿Cómo el sexo podría ser asociado con la Filosofía o los Libros Sagrados? En general la Carne y el Espíritu han sido asociados a Sexo y No-Sexo respectivamente, pero esto es sólo válido desde el paradigma orgásmico de sexo=mundo, materia,sentidos y no-sexo=espíritu/conciencia, inmaterialidad. ¿Qué pasaría si nuestro inconsciente colectivo estuviera mostrándonos estos símbolos, no como aspectos contrapuestos, sino como dos extremos de un mismo continuo: la experiencia sexual?

Los dos sexos son bastante bien ejemplificados por Mozart en La Flauta Mágica. Tamino y Pamina encarnan el camino del amor y del sexo sagrado, contrastando con Papageno y Papagena, la pareja mundana que sólo está interesada en la procreación. Las bodas sagradas, de las cuales nos hablan los cuentos de hadas, los románticos y los alquimistas, son un símbolo fuertemente arraigado en nuestra mente colectiva. Cuando estudió este arquetipo, Jung cayó en el error de restringir su significación a la esfera meramente psicológica, sin considerar la de la praxis. Las bodas alquímicas –nos señala- tendrían que ver con la unión del Inconsciente con el Consciente. Sin embargo, en la India, este mismo símbolo puede ser vivido de manera concreta a través del Maithuna, el ritual tántrico entre amantes. Los que practicamos la sexualidad transorgásmica tenemos la oportunidad, a través de una relación de pareja, de poder vivenciar el arquetipo de las bodas en toda su plenitud. Por el contrario, el matrimonio común, con su rutina sexual fundada en el orgasmo, nos aleja de poder integrar este arquetipo.

Jung señaló al final de su vida en una entrevista con el escritor Miguel Serrano, que el amor mágico/espiritual (nuestra Afrodita Celeste) era incompatible con el matrimonio (Afrodita Sensual). Desde ese momento, las bodas alquímicas quedan relegadas a un nivel intrapsíquico, y desde este punto de vista no son extrapolables a la vida en pareja, a menos que contemos con la clave que nos brinda el enfoque Transorgásmico. Jung mismo confesó haber amado alguna vez a una mujer con ese amor mágico y transformador que supone la Afrodita Celeste, pero -como dijimos- afirma categóricamente que éste no es viable entre esposos, ya que la rutina del matrimonio acabaría con él (Serrano, 1982). Obviamente, la rutina de la cual habla Jung es sin lugar a dudas la del orgasmo ordinario, que practicado de manera frecuente cambia nuestra percepción de las relaciones hacia un desencantamiento (lo contrario de la conciencia mágica del enamorado). El amor que es más capaz de hacernos soñar, aquel que nos inspira y exalta nuestra imaginación y nuestros sentidos siempre tiene un carácter no-orgásmico, y veamos que en la literatura y en el arte se refleja como un amor imposible, o de amantes que deben estar alejados, es decir, que no consuman su amor. Porque si en algún momento este amor se hiciera físico, o sea con el orgasmo frecuente, iría poco a poco perdiendo su fuerza transformadora y transfiguradora (mágica) de la realidad. Pensemos tan solo en tantos artistas, enamorados profundamente de una mujer que les inspira, hasta que deciden…hacerla su mujer. Después aparece una nueva que les produce lo mismo, y así una y otra vez repiten el drama que los lleva a vivir vidas emocionales tormentosas. Y quizás aburridos de esta dinámica digna del mítico Sísifo, finalmente optan por la soledad que les permite amar a la distancia (y evitar las consecuencias del orgasmo).

Qué distinta suerte correrían estos amantes desencantados si accedieran a la experiencia transorgásmica. Qué distinta sería una pareja que, en vez de agotarse orgásmicamente, aprendieran a magnetizarse y nutrirse mutuamente, conservando intactas sus ganas, su placer y su mágico encanto. Indudablemente una respuesta muy distinta estaría produciéndose a nivel de sus neuroquímicos. Esta respuesta operaría como un círculo virtuoso que tendería a unir más a la pareja, generándoles un sentimiento y una percepción positiva y exaltada del mundo (Robinson, 2009).

Una pista de los dos caminos o sexualidades, orgásmica y transorgásmica respectivamente, también se encuentra ilustrada en El Secreto de la Flor de Oro, un libro de alquimia chino y que se hiciera conocido por el estudio que C. G. Jung realizó sobre él. En el texto se habla de la “fuerza de los riñones” para referirse a la sexualidad, ya que en la medicina china el meridiano del riñón es aquél que rige a los órganos sexuales:

La fuerza de los riñones está bajo el signo del agua. Cuando las pulsiones se agitan, fluye hacia abajo, dirigida hacia fuera, y engendra niños. Si en el momento de la liberación no se la deja fluir hacia fuera, sino que se la conduce de vuelta mediante la fuerza del pensar, de manera que puje hacia arriba en el crisol de lo Creativo y refresque y nutra corazón y cuerpo, eso es de igual manera el método retrógrado. (Jung & Wilhelm, 1977, pág. 104)

Vemos con esto que hay dos direcciones claramente definidas: Adentro/arriba y Abajo/afuera. Es decir, el orgasmo es claramente el segundo: una fuerza centrífuga hacia fuera, mientras la experiencia transorgásmica es –como señala el texto- un movimiento retrógrado, centrípeto o hacia adentro, como la mayoría de las prácticas espirituales como la meditación o el yoga, donde hay un “centramiento”, y el cuerpo se nutre de energía, en vez de descargarla.

El místico búlgaro del siglo XX Omraam Mikaël Aïvanov, nos da un ejemplo usando la metáfora del láser: el miembro viril es como el rubí del láser, que calentado por la vagina, es capaz de proyectar luz espiritual. Sin embargo –y aquí aparecen los dos caminos- existe un láser inferior u horizontal y un láser superior o vertical. El primero es cuando las pulsiones se agitan debido a la pasión y –por medio del orgasmo- la luz se hace “líquida”, y se escapa al exterior. Esto supone una pérdida y continuar en nuestra percepción ordinaria, mundana y profana de la realidad. El segundo láser, el vertical, es –según el místico- cuando éste se proyecta a través de la columna vertebral hacia arriba, despertando y nutriendo los chakras, y abriéndonos a la percepción espiritual (Aïvanov, 1991, 124-126)

Por último, veamos el ejemplo que nos proporciona el Tarot, aquella baraja mística donde desfilan los misteriosos arquetipos que, más que un sistema adivinatorio, puede ser tomado como un libro de sabiduría. La carta VI de Los Amantes nos muestra, en la mayoría de las barajas (como la de Marsella), un hombre que debe decidir entre dos mujeres. Se sabe que una de ellas representa el deseo lascivo o amor sensual, mientras el otro es el amor o deseo espiritual. También, en barajas como la de Rider White, la carta VI muestra a una pareja desnuda, pero en perfecta armonía espiritual; atrás y sobre ellos, un ángel los bendice. Lo curioso es que a esta pareja volvemos a encontrarla en la carta XV de El Diablo, pero en este caso aparecen encadenados y amarrados al diablo, que ha tomado el lugar del ángel. Esta pareja “diabólica” claramente representa la adicción a lo mundano. Podríamos decir entonces que la carta VI donde el individuo elige entre las dos sexualidades (orgásmico/profano y transorgásmico/sagrado), da paso, en el caso de elegir el orgasmo, a la carta XV (15 es 1+5=6) donde la pareja y cada uno de los individuos ha optado por el camino de la experiencia sexual común: vivir descargando hasta que la neuroquímica nos desencanta y nos mete en la adicción sexual (en menor o mayor medida).

Las cartas XIV y XVII, la Templaza y la Estrella, nos muestran también el amor espiritual, y específicamente el sexo transorgásmico cuando aparece la imagen de la mujer que transmuta las aguas. Obviamente y gracias a C. G. Jung, sabemos que las aguas pueden relacionarse psicológica y simbólicamente con el sentimiento, las emociones y, por supuesto con la energía sexual. Transmutar o "templar" las aguas es lo que hacemos durante el acto sexual transorgásmico. La Estrella nos muestra una actitud contemplativa, espiritual, que es perfectamente compatible con cómo nos sentimos después de hacer el amor en esta otra práctica.

Indudablemente la única manera de tomar consciencia de estos dos caminos del amor sexual, es viviéndolos. Esto nos saca de nuestra postura, tan intelectual, de suponer que se trata sólo de la actitud o de las creencias. Por ejemplo, pensamos que vivir el amor sagrado es sólo asunto de fe o de declarar que es así. Puede que el cambio de creencias o actitud mental ayude, así como la oración, la meditación u otra prácticas transforman en algo nuestra percepción hacia una conciencia “de sacralizar” o “reencantar” la realidad del acto sexual. Sin embargo, si no consideramos la biología, y queremos evitar tocar el punto central que tiene que ver con si hay o no orgasmo, por mucho que deseemos practicar una aproximación espiritual o sagrada de la sexualidad, no lo conseguiremos. Estaremos yendo contra todo lo que el Tantra, el Tao, la Alquimia o tantas otras tradiciones nos dicen al respecto.
"Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo, Yo tomé el menos transitado, Y eso hizo toda la diferencia."
- Robert Frost

REFERENCIAS

Abrams, D. & Chia, M. (1997) El Hombre Multiorgásmico (9na. Edición). Ediciones Neo Person.

Jung, C. G. & Wilhelm, R. (1977). El Secreto de la Flor de Oro. Buenos Aires: Paidós

Aïvanov, O. M. (1991). La Luz, Espíritu Vivo. Fréjus Cedex: Provesta.

Serrano, M. (1982) El círculo hermético. Hermann Hesse-C.G.Jung. Cartas originales de dos amistades. Buenos Aires: Kier

miércoles, 28 de abril de 2010

Por qué la sexología en Occidente está tan ciega hacia la experiencia trans-orgásmica

No es fácil sacudirse 5000 años de cultura patriarcal, donde el sexo siempre fue visto de modo simplista: o es para la reproducción o es para obtener una especie de "liberación" o rápido placer. Obviamente, para no generalizar demasiado, tenemos que incluir también al sexo como expresión del amor dentro de una pareja, que con la igualdad de género se ha ido volviendo muy importante . De cualquier forma, todos obramos como si ya supiéramos de qué se trata. Decimos que un joven o una joven se “inicia” sexualmente cuando ha tenido su primera relación sexual. No obstante ¿quién se refiere a la calidad de esa experiencia?, ¿acaso saber sobre sexo es sólo saber correr nuestra carrera hacia el orgasmo? ¿y quién dijo que el orgasmo tenía que ser la estación obligada de cualquier vida sexual? Todos nos miraremos las caras unos a otros buscando respuestas, lo que ocurre es que así nos ha parecido siempre. "Así funciona la naturaleza" -dirá alguien, pero con eso aceptamos que estamos hablando de reproducción, y sabemos que el 99% de las relaciones sexuales no se tienen con el fin de reproducirnos (es más, lo evitamos, por medio de anticonceptivos). El orgasmo es así un fruto apetitoso colgando del árbol y por ese solo hecho decidimos cogerlo. Y a partir de ese instante asumimos quedar “iniciados” en el conocimiento de la sexualidad. Desde ese momento, el coito será el mismo, tendrá la misma estructura básica y un sabor o experiencia de fondo que comenzará con la penetración y acabará en la eyaculación. Y así será por toda una vida.

Este es el problema más hondo en nuestro conocimiento de la sexualidad. Constituye en sí un paradigma, el cual incide en los hábitos y, a nivel científico, repercute en los modelos que intentan explicar la conducta sexual humana. Después de 5000 años de patriarcado, el cual se encargó de reprimir e ignorar la sexualidad, nuestros hábitos sexuales son precarios. Debido a esa precariedad es que los científicos hoy estudian la sexualidad y hacen modelos simplistas, modelos que dan por sentado que la sexualidad humana es como la hemos descrito: una carrera que tarde o temprano desemboca en la experiencia del orgasmo. Es más, deseamos el orgasmo, ya que éste ha pasado a ser sinónimo de satisfacción y felicidad sexual.

Sin embargo, ¿es el orgasmo el fundamento de una vida sexual feliz? Porque placer momentáneo es una cosa, pero felicidad otra. Y los filósofos y psicólogos de todos los tiempos nos han enseñado que es necesario conocer a fondo nuestros deseos y apetitos, no para reprimirlos (fórmula fácil, pero que a la larga no funciona), sino para hacerlos sustentables. En otras palabras, para que podamos gozarlos y vivirlos constantemente sin minar nuestro bienestar físico, emocional y/o espiritual. Porque muchos placeres son del momento, pero luego dañan el cuerpo o la mente o deterioran nuestra percepción y nuestra relación con nosotros mismo y el entorno. Pensemos en el alcohol: ¿cuál es el placer? ¿acaso llegar al límite de emborracharnos y sufrir la tradicional resaca al día siguiente, o la cirrosis hepática en unos años? ¿o debemos abstenernos 100% de probar siquiera una gota de licor para el resto de nuestras vidas? Es casi seguro que quien haya aprendido las lecciones de la vida preferirá un camino intermedio: disfrutemos unas cuantas copas de alcohol, pero observando nuestro límite antes de caer borrachos. ¿Acaso no se disfruta mucho más del sabor, de la calidad de un buen vino? Incluso, con un ritmo adecuado, podríamos beber toda la noche sin embriagarnos.

Los sexólogos en nuestra cultura trabajan hasta hoy con un modelo creado por Master & Johnsonn en la década de 1960, donde establecen que la respuesta sexual humana posee 4 etapas bastante delimitadas: (1) Excitación, (2) Meseta, (3) Orgasmo y (4) Resolución. Ese modelo supone que existe una curva de placer que comienza en la excitación y tiene su peak en el orgasmo. Pero el orgasmo es un límite fisiológico, después del cual las sensaciones y emociones previas desaparecen abruptamente. Esto da lugar a la etapa de Resolución, donde la llama de la pasión se ha apagado y se supone que debiéramos sentirnos satisfechos. No obstante los individuos en esta etapa a menudo presentan un conjunto de efectos secundarios: cansancio, hipersensibilidad, a menudo desconexión emocional y necesidad de estar solos, pérdida de interés en la pareja, etc., síntomas bastante descritos por la ciencia actual y conocidos por muchos quienes los hemos experimentado. Imaginemos entonces por un momento que el sexo fuera como el vino. Los enólogos, en vez de los sexólogos, quizás se darían el trabajo de construir un modelo similar al de Master & Johnsonn y dirían que la "respuesta humana frente al vino" tiene 4 etapas: (1) Degustación, (2) Consumo, (3) Borrachera y (4) Resaca. ¿Qué diría el lector si estos enólogos dijeran que lo normal es siempre pasar por esas 4 etapas. Suena absurdo, pero quizás, imaginando que el 99% de los seres humanos sólo consumiera vino para curarse, el modelo dejaría de ser absurdo y sería un fiel reflejo de un hábito fuertemente extendido. Los científicos podrían decir que así ES la conducta humana frente al alcohol. Incluso las borracheras tendrían una excelente propaganda. A nadie se le ocurriría cuestionar que el vino no tuviera el fin de emborrachar y aceptarían como normal la resaca y el malestar que dejaría en nuestros cuerpos al día siguiente. Es más, existirían trastornos como el “síndrome de borrachera precoz” u otros, como el que sufrirían personas incapaces de emborracharse, los que serían llamados “analcohólicos”.

¿Podemos pensar por un momento que algo muy similar ocurre con el sexo? ¿No podríamos equiparar nuestra obsesión por alcanzar el orgasmo con la obsesión de un alcohólico por emborracharse? Y ¿Es el orgasmo la única posibilidad de disfrutar del sexo? Nosotros afirmamos que no es la única posibilidad ni la mejor, y con esto desafiamos expresamente el modelo de Master & Johnsonn. Afirmamos que éste, como casi toda nuestra sexología, sólo es una descripción de nuestros precarios hábitos en materia sexual. De ningún modo da cuenta de otra posibilidad y de otro tipo de experiencia. Sigmund Freud también cometió un error similar: señaló que si una relación sexual no culminaba en el orgasmo, era señal de perversión . Hasta el día de hoy los sexólogos siguen usando esos criterios cuando se niegan a aceptar otras visiones.

Y que no se malentienda: no estamos contra el placer, sino todo lo contrario, nos interesa prolongar ese placer y transformarlo en éxtasis y felicidad verdadera, sustentable en el tiempo. Creemos que el orgasmo no es la respuesta obligada. Y con eso tampoco estamos condenando a los modelos en sí ni a los hábitos sexuales de la gente; sólo cuestionamos que el paradigma principal que rige nuestra forma de ver y vivir el sexo, no deje espacio a una experiencia distinta.

La sexualidad transorgásmica es una visión y un modelo muy distinto de la sexualidad, el cual se fundamenta en la experiencia. Y la experiencia dice que sí es posible tener relaciones sexuales y disfrutarlas, sin jamás llegar al orgasmo. Esta forma de vivir el sexo fue practicada en muchas épocas y lugares a lo largo de la historia de la humanidad, por antiguas culturas y filosofías como el Tantrismo de la India o el Taoísmo chino. Donde quiera que se habló de “Sexo Sagrado” o de “Alquimia Sexual” estuvo la huella de la experiencia transorgásmica. En occidente, a partir de muchos mitos y vestigios en la simbología de grandes cultos y escuelas, podemos presumir que este mismo conocimiento sobre la sexualidad estuvo siempre presente, pero velado (recordemos que el cristianismo oficial transformó al sexo en un tabú).

¿Qué gana alguien con vivir su sexualidad evitando el orgasmo? ¿y por qué se dice que podemos disfrutar mucho más? En primer lugar lo que podamos decir con palabras nunca podrá reemplazar a la verdadera experiencia. Hacer el amor sin llegar al orgasmo permite disfrutar del proceso más que del fin. Al evitar el orgasmo, podemos permanecer horas sintiendo olas de placer, las cuales llevan a un tipo de éxtasis que los taoístas llaman el “orgasmo valle”, que es más bien una sensación de plenitud, expansión y unión mente-cuerpo, una especie de comunión con nosotros mismo y con nuestra pareja. Durante esos instantes se pierde la noción temporal y entramos, gracias al movimiento rítmico, en una especie de trance. Los taoístas afirman que de esta forma damos tiempo a la pareja de equilibrar sus energías yin y yang (femeninas y masculinas). Momentos de intensa sensación se intercalan con momentos de profunda tranquilidad. A través de este acto, la pareja crece afectivamente. Lo más importante es que al no producirse el orgasmo no hay un corte. Todo ese magnetismo y esa atracción que sentimos no se esfuma de un momento a otro. Puesto que no hay descarga de energía, ambos amantes conservan esas sensaciones una vez separados. Ninguno de los dos experimenta cansancio, o ese sentimiento de náusea o de “¡¿y eso fue todo?!” que embarga a los miembros de una pareja (en especial al hombre) después del coito.

El orgasmo, por lo demás, causa un desánimo paulatino por volver a unirse con la misma pareja. Es lo que se conoce como “Efecto Coolidge”, el cual afecta a la mayoría de las especies de mamíferos. El macho sobre todo, siente cada vez menos entusiasmo por aparearse con la misma hembra, mientras que se interesa ante cualquier otra potencial pareja que aparezca a su alcance (en la hembra ocurre algo similar). Eso implica que, a la larga, tener sexo con orgasmo nos hace perder el entusiasmo sexual por nuestro compañero, cambiando nuestra percepción de él: antes era la persona más maravillosa del mundo; después ella pasa a ser "la bruja" y él "este fresco" o "este insensible". Sólo basta mirar lo que ocurre en la mayoría de los matrimonios, o en toda pareja que ya esté viviendo junta. Tienen que hacer grandes esfuerzos para permanecer juntos y enamorados como el primer día. Y no estamos quitándole importancia al amor, sólo que anunque éste exista, estos cambios ocurren a nivel de nuestra química cerebral y hormonal.

Para resolver los inconvenientes que plantea el orgasmo, las culturas del patriarcado inventaron que el hombre podía tener muchas esposas, o una esposa y varias concubinas, amantes, esclavas sexuales, etc.. Reprimieron el sexo y a la mujer, considerándolos un mal necesario. Su desconocimiento las llevó a creer que la intimidad y las relaciones sexuales eran negativas, y crearon soluciones como el celibato, la poligamia y la prostitución. Hoy en día, habiendo mucha más libertad e igualdad sexual que antaño, encontramos altos índices de insatisfacción sexual, mucha infidelidad y separaciones, sin mencionar los matrimonios que después de algunos años ya no se toleran o llevan una vida sexual más que distante. También es posible observar que los potenciadores sexuales como el Viagra, el Ging Seng y tantos otros, permanecen siempre en el “top” de las ventas. ¿Qué podemos concluir de todo esto, cuando el orgasmo debiera ser el que da la satisfacción y la felicidad?

El camino intermedio que representa la sexualidad transorgásmica no busca sólo resolver los inconvenientes del orgasmo. También es una experiencia transformadora en sí misma, que se conlleva con todos nuestros ideales de amor verdadero, intimidad verdadera y éxtasis verdadero. El placer del orgasmo sólo dura unos cuantos segundos; el éxtasis transorgásmico, en cambio, puede durar hasta una hora o más, y podemos sentirnos revitalizados y más enamorados después de hacer el amor. Lo dionisíaco y lo apolíneo, lo sensual y lo espiritual, lo yin y lo yang, tienen un punto de encuentro no teórico a través de esta práctica. Para muchas personas la experiencia transorgásmica puede transformarse en una experiencia religiosa; muchos pueden llegar a sentir que hacer el amor es como meditar o fundirse con el universo. Lo importante es que al final, toda esa dicha y ese magnetismo sexual que nos embriaga durante horas, se conservan sin ruptura. Una vez separados los amantes, la energía y esa sensación de estar plenos, no experimenta corte alguno; tan solo se va apaciguando de un modo armónico y natural. La persona siente que logró alimentarse de esta energía, lo cual es muy diferente de sentir que esa energía se descargó o expulsó fuera.

En otros artículos explicaremos en detalle las técnicas transorgásmicas, para que las parejas puedan empezar a poner en práctica esta nueva visión que los sorprenderá.